Parroquia
San Pedro y San Pablo
Santa
María, Madre de Dios/B
01
de Enero de 2018 Año V. Núm. 1
HOMILÍA DE MONSEÑOR HELIZANDRO TERÁN
Obispo de la Diócesis de Ciudad Guayana
“Queridos
hermanos y hermanas, Como indicaba al inicio de la eucaristía, esta primera
misa del año 2018, tiene que ser para nosotros un motivo de reflexión, un
motivo para comprender el don maravilloso que Dios nos ha dado, que ha sido
nuestra propia vida. En cantidad de oportunidades yo he escuchado a personas
que se dedican a esto que llaman ahora el „coach‟ o „coaching‟, el „coach‟; „Monseñor yo
soy especialista en Coach‟, bien eh, y relaciones humanas, y
trabajo y cuando escucho hablar a esas personas dicen: „mire, la grandeza está
en planificar, en hacer proyectos, tenemos que ser eficientes, a la hora de
establecer metas, objetivos, medios, ….; un discurso válido y necesario,
indudablemente, pero muchas veces olvidamos que el mayor y mejor proyecto que
tenemos en nuestras manos es nuestra propia vida. Nuestra propia vida, es
nuestro mejor proyecto y no hay otro mejor y más grande que ese. Y la vida
nuestra es nuestro proyecto originario y primero porque es lo que Dios nos ha
otorgado, lo que Dios nos ha dado como Don. Y por eso yo quisiera detenerme en dos ideas importantes: La
primera, al inicio de este año 2018, preguntarme „¿Qué estoy haciendo yo con mi
vida?‟. Esa pregunta es válida
permanentemente para nosotros, porque cuando yo digo ¿qué estoy haciendo con mi
vida?, no es simplemente tratar de discernir o dilucidar, si estoy haciendo
cosas buenas o malas, no, no, no, si yo creo que todos los que estamos aquí
hacemos cosas buenas, ¿o ustedes hacen cosas malas?, díganmelo ¿hacen cosas
malas?..., eh, aunque, por Dios, yo creo que no, todos están aquí en la
Eucaristía alabando y bendiciendo al Señor, en el primer día de año nuevo; yo
creo que todos los que estamos aquí llevamos una vida, eh, conforme al bien,
conforme a lo que Dios quiere, indudablemente,... No es simplemente ver si
estamos haciendo cosas buenas o malas, el preguntarnos qué estamos haciendo con
nuestras vidas, sino es ver la calidad de las acciones que estamos haciendo.
Les pongo un ejemplo: si yo me pongo a hacer un examen de conciencia de cómo ha
sido mi relación con Dios en el 2017, ¿a qué conclusión puedo llegar?... Cada
uno podría hacerse esa pregunta. Si en el 2017 yo recé, yo hice una cosa buena;
yo fui a la eucaristía, yo frecuenté algún sacramento, como la reconciliación,
la unción, etc; pero, ¿eso que yo hice reviste, verdaderamente, una calidad tal
que deja huella en mi vida? ¿He orado como tenía que haber orado?, ¿he dedicado
al Señor el tiempo que tenía que haberle dedicado?. ¿Verdaderamente Jesús fue
para mí referencia fundamental, en este año que ha concluido? ¿Sí o no?. A eso
me refiero. No es simplemente ver cosas buenas o malas que hayamos hecho, es
ver la calidad de nuestras acciones. Y cuando yo contemplo, en un examen de
conciencia que yo he hecho, es que puedo formular deseos y propósitos para el
año que viene, para este año que comienza, si no, no tiene sentido...Yo le
había prometido al Señor que no iba a pelear en mi casa el año pasado y
resulta, que prácticamente terminó como un ring de boxeo público mi casa, en
todo el año‟. ¿Por qué fracasamos en los proyectos y en los propósitos
que hacemos? ¿Por qué fallamos en nuestras promesas? ¿por qué fallamos en los
ideales que nos proponemos? ¿Saben por qué fallamos?. Porque no hemos hecho primero un buen examen de conciencia, para ver
cómo está mi vida. Para ver qué es lo que verdaderamente tengo que
acomodar, para ver qué es lo que verdaderamente yo tengo que repotenciar en mi
vida. ... El hombre que primero mira hacia adentro de sí, para luego poder
formular una opinión de sí delante de Dios y delante de los demás. Ese es el
hombre sabio y prudente. Y por eso el 2018 nos invita a que miremos dentro de
nosotros, a que verdaderamente descubramos quiénes somos, a que verdaderamente
podamos descubrir cuáles son las ilusiones, cuáles son los deseos, cuáles son
las aspiraciones más profundas que llevamos muchas veces dentro, de las cuales,
a veces, ni siquiera nos hemos percatado. Y por tanto, esto significa dedicarme
tiempo a mí mismo. ... pero fíjense ustedes, si no gastamos tiempo en nosotros,
si no gastamos tiempo delante de Dios mirándonos a nosotros mismos, de nada nos
sirve todo lo que hagamos. De nada nos va a servir todo lo que hagamos. Porque
seremos eficaces en cantidad de acciones fuera, pero por dentro estaremos
secos, pero por dentro estaremos amargados, frustrados, humillados,
desfigurados. Por eso, yo les invito en este 2018 a que gasten tiempo en ustedes;
no en vicios ni malas cosas, ni en el ocio; sino en el encuentro con ustedes
mismos delante de Dios; y puedan ponerle nombre y apellido a todas sus
emociones, sentimientos y unciones, aspiraciones. Imagínense que ustedes van a
conocer a su mejor amigo en la profundidad de su conciencia. Esto es hermoso.
El Evangelio dice que Jesús pasaba noches enteras, retirado consigo mismo,
encontrándose él, encontrándose con Su Padre, en el interior de su corazón.
Jesús de Nazaret nos da ejemplo de lo que significa un hombre que se encuentra
a sí mismo, que sabe qué es lo que está haciendo; que sabe qué es lo que
piensa, lo que anhela, lo que sueña, lo que espera. Jesús nos da ejemplo de esa
humanidad madura y estable. Cuando yo voy logrando eso, entonces puedo empezar
a formular deseos. „Señor, yo he descubierto que en el 2017, ha sido un buen
tiempo que he dedicado a contemplar tu Palabra, para leer tu Palabra, para
alimentarme de tu Palabra, y tengo sed de ti, como dice el salmo. Mi alma está
sedienta de ti, Señor, por eso mi propósito será dedicar tiempo a encontrarme
contigo en la Palabra‟.
Pero eso no nace de un deseo tonto que surge, eso nace de la necesidad, eso
nace del conocimiento que has tenido de ti mismo; y esos son los propósitos que
a la larga se cumplen, que a la larga se encuentran. Y miren, yo les voy a
decir algo, eh, como testimonio de vida, cuando uno le dice al Señor: „Señor,
mira, te voy a dar 5 minutos‟, Dios es tan grande que a la vuelta
de la esquina te das cuenta que sin tú saber cómo le estás regalando ya una
hora al Señor. Porque Dios nos conoce, porque Dios sabe que tenemos necesidad
de Él. Porque Dios sabe que estamos ávidos, en la profundidad de nuestro
corazón, de su amor, de su perdón, de su misericordia. Por eso es que es
nuestro Padre Bueno. Entonces, el mejor tiempo que vamos a emplear en este 2018
será: conocernos, amarnos, descubrir la
presencia de Dios en nosotros y formular aquellos deseos, formular aquellos
propósitos, formular aquellos votos que verdaderamente
nazcan de mi conocimiento ante el Señor, para que sean bendecidos por Él y haga
próspero el deseo que formulamos. Esa es la tarea que les dejo para el 2018.
Y eso no se hace en un día. Progresivamente. Y verán si esto lo hacen
comenzando hoy, primer día del año, y lo hacen con seriedad delante del Señor,
el 31 de diciembre de este año 18, ustedes me dirán si no han cambiado algunas
cosas en ustedes. Verán que sí, porque el Señor solamente está esperando que
nosotros demos un paso para agarrar Él el timón de nuestras vidas. Y la segunda idea o el segundo punto de
reflexión de esta celebración es indudablemente la figura de María, nuestra
Madre. La grandeza de María está en ser la Madre de Dios, que es lo que
celebramos hoy. La grandeza de María estriba, en que en ella encontró Dios la
creatura ideal para que la Salvación se diera conforme al plan que Él tenía,
que significaba que La Palabra se hiciera carne entre nosotros, como dice la
segunda lectura de Pablo a los Gálatas, que Dios se ha manifestado naciendo de
una mujer, haciéndose hombre como nosotros, para que alcanzáramos la plenitud
de la vida. Ese es el don maravilloso de María. Ese es el fruto bendito de su
vientre, que nos entrega como Don suyo, como Don del Padre, para nosotros, para
que tengamos vida y vida en abundancia. Pero miren, mis hermanos, y ayer, día
de la Sagrada Familia, yo hacía énfasis en esto: la gran mediación de María, la
gran intercesión de María con nosotros ante su Hijo, esa afinidad, ese amor
primero que tenemos en nuestro corazón a la Madre de Dios, esa experiencia de
sentir que tenemos una madre, nace sobre todo porque María es humana, como
nosotros. Porque solamente una mujer que ha conocido los problemas, las
dificultades, las vicisitudes del día a día, es capaz de comprender nuestros
problemas, nuestras angustias, nuestras dificultades. Solamente una mujer que
ha permanecido fiel a Dios, pudo haber soportado todo lo que tuvo que vivir la
Madre de Jesús. A mí me encanta desde siempre la escena de la Anunciación,
cuando el ángel se le presenta a María, conforme al Evangelio de Lucas, allí en
esa pieza, en esa habitación, en Nazaret; me encantan las palabras del ángel
cuando le dice a María „Oye María, eso que llevas en tu vientre, será grande,
porque será llamado Hijo del Altísimo, y ese a quien tu llevas en tu vientre va
a heredar el trono de David, su padre, y será grande y reinará para siempre‟. Mis queridas
señoras, mamás aquí presentes, si a ustedes le hubieran dicho eso de su hijo,
¿ustedes cómo se hubieran sentido? ¿Felices o tristes? ...Tremendo muchacho el
que llevo yo en el vientre, que va a ser grande, Dios ha dicho que va a ser
poderoso. Nada más y nada menos va a heredar el trono de David, prototipo de lo
que significa la realeza en Israel y va a ser grande. ¿Qué pensaría María?. ...Y
Dios quiso, en su majestad y voluntad infinita, que Su Hijo naciese en la
pobreza marginal en la que nace. Y que tenga María que aguantar el dolor, el
frío, la incomodidad de un establo. Que grandeza de María, mujer. Que grandeza
de la Madre, que sabe guardar todas las cosas en su corazón y no solo las cosas
bonitas, sino las cosas duras... José a pie y la Virgen en un asno, porque no
tenían caballo, por Dios, el caballo era un lujo. Qué caballo iba a tener
José?! Ve a saber si hasta el asno se lo tuvieron que prestar para poder ir de
Nazaret a Belén. Siendo fiel a la tradición del Evangelio, por supuesto. Allí
tienen que ir al exilio, dejar patria, como han dejado patria cantidad de
jóvenes hoy, cantidad de padres, madres, familias completas que se han tenido
que ir del país buscando fortuna, así María tuvo que vivir junto con José y
Jesús un exilio, no querido. ¿Y cuánto tiempo tuvieron en Egipto? No sabemos
exactamente. Dicen que hasta que murió Herodes. No se manejan fechas precisas.
El hecho es que tuvieron que estar en patria extraña, con idioma extraño, con
cultura extraña, con religión extraña. Tres emigrantes que eran nada. Y María
tuvo que guardar todo ese dolor, todo ese sufrimiento, todo ese calvario, en su
corazón. Y las palabras del ángel como un eco se hacían presentes en su
conciencia: „este que tú has parido, María, será grande, Hijo del Altísimo‟. ¿Y dónde
termina el desconcierto de María? Vuelven a Nazaret, por supuesto; San José
muere, como nos enseña la tradición y después Jesús se le va de la casa. ¿Cómo
queda María? ¿Cómo termina María?... Sola.. en esa casita de Nazaret. Y tiene
que escuchar lo que decían de su hijo. Y hay un pasaje del Evangelio, en que
María, con algunos de sus familiares, van a buscar a Jesús, porque piensan que
Jesús se ha vuelto loco. „Pero bueno, el ángel no me dijo que este muchacho iba
a ser grande, Hijo del Altísimo, y ha resultado un loco de primera!!!‟ ¿Y dónde
termina, repito, la historia de la Madre?... Ante la cruz. La escena más humana
que podemos encontrar de María. Ante la cruz de su hijo que vilmente ha sido
asesinado. La Madre frente a la cruz del hijo, que se lo han arrebatado. Y
dice, terriblemente, el canto del siervo sufriente, en Isaías: „desfigurado, no
tenía figura de hombre‟
¿Qué madre no le duelen las entrañas al ver a un hijo desfigurado? Las que son
aquí mujeres madres, díganme, Dios les ampare por supuesto, pero si en un
supuesto negado tuvieran que ver a su hijo desfigurado, encarnecido, ¿qué? ¿se
mueren del dolor o no?. Allí está la Madre ante la cruz de su hijo,
escarnecido, agonizando, muriendo, e imagínense por un minuto en la conciencia
de María las palabras del ángel. „María, tu hijo será grande. Tu hijo será el
heredero de la casa de David, su padre‟. ¿Y cómo ha terminado? En la cruz. Tuvo
la Madre que guardar ese dolor en su corazón. …¿Y cómo termina entonces esta
historia hermosa de María?. La Madre que nos entrega al Hijo en Belén, se lo
devolvemos nosotros en la cruz. El don que María nos da en Belén, se lo ponemos
nosotros muerto en sus brazos. El tesoro que nos da la Madre para que tengamos
vida, se lo devolvemos desfigurado, muerto en sus manos; y María se convierte
en la madre dolorosa, que solamente la fe la mantiene en pie; que solamente ese
vínculo de vida y de amor que María mantenía permanentemente con Dios, la tiene
allí firme. Esta María humana es la que conoce el dolor de nosotros. Esta María
humana que fue la mujer que supo enfrentar la adversidad, la pobreza, la
miseria; esta mujer que supo lo que eran los problemas, desde los más
insignificantes hasta los más graves, es la que puede interceder por nosotros,
porque nos conoce y porque nos ama. Y por eso es la Madre del cielo, a la que
podemos recurrir en cualquier momento, porque la Madre conoce nuestro corazón
de hijos y en sus manos depositamos, pues, todo lo que somos. Vamos a depositar
en manos de María, pues, en este 2018, toda la vida nuestra, todo lo que
llevamos, todo lo que somos. Y decirle a la Madre del cielo: „Madre, que
aquellas palabras que el ángel Gabriel te dijo de tu Hijo, se cumplan en mi
vida, se cumplan en nuestra parroquia, se cumplan en la Iglesia‟. Que Cristo sea
para nosotros Rey y Señor, por siempre. Rey y Señor, por los siglos de los
siglos. Amén”.
Monseñor Helizandro Terán, O.S.A.
Obispo de Ciudad Guayana
Solemnidad de Santa María Madre de Dios 01.01.2018
publicado por: Marilena Chetick
09 de enero de 2018