martes, 9 de enero de 2018

Guayana, Tierra de Dios.




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GUAYANA GENTIL


Tierra de grácil belleza y empatía por la gente
Calor, paisaje, sabanas, ríos, contorsionan  tus vertientes
Aves que  surcan espacios simulando abanicos
turpiales, guacamayos, loros  y también pericos
pregonan su fantasía en los límpidos y violáceos cielos

Inconmensurable territorio de inagotables riquezas
Tierra de dones,  de alegría, y sabor,  sazonada de proezas
Tu música Guayana. es un canto al carnaval
Donde la fusión no es un concepto, es una inspiración,

Donde yacen desbordantes los tesoros de la tierra
Y los ríos no son solo  ríos, son cascadas que lloviznan.
Sobre piedras resonantes que murmuran con la brisa
Extasiando nuestro acervo con los bailes de Isidora
Y escribiendo su leyenda el Correo del Caroní

Impresionantes sabanas, saltos y quebradas
Con lechos de colores topacio, jade, amatista
 Con emporios industriales, orgullo de la nación
Que le dan a la ciudad presencia y preservación
Sus obreros y estudiantes, su gentilicio habitual
Tienen en su Guayana su tesoro terrenal

¡Así es Guayana!


Elaborado por:
Marilena Chetick



Homilia del 01 de enero 2018 - Mons. Helizandro




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Parroquia San Pedro y San Pablo
Santa María, Madre de Dios/B
01 de Enero de 2018 Año V. Núm. 1


HOMILÍA DE MONSEÑOR HELIZANDRO TERÁN
Obispo de la Diócesis de Ciudad Guayana


 “Queridos hermanos y hermanas, Como indicaba al inicio de la eucaristía, esta primera misa del año 2018, tiene que ser para nosotros un motivo de reflexión, un motivo para comprender el don maravilloso que Dios nos ha dado, que ha sido nuestra propia vida. En cantidad de oportunidades yo he escuchado a personas que se dedican a esto que llaman ahora el „coach o „coaching, el „coach; „Monseñor yo soy especialista en Coach, bien eh, y relaciones humanas, y trabajo y cuando escucho hablar a esas personas dicen: „mire, la grandeza está en planificar, en hacer proyectos, tenemos que ser eficientes, a la hora de establecer metas, objetivos, medios, ….; un discurso válido y necesario, indudablemente, pero muchas veces olvidamos que el mayor y mejor proyecto que tenemos en nuestras manos es nuestra propia vida. Nuestra propia vida, es nuestro mejor proyecto y no hay otro mejor y más grande que ese. Y la vida nuestra es nuestro proyecto originario y primero porque es lo que Dios nos ha otorgado, lo que Dios nos ha dado como Don. Y por eso yo quisiera detenerme en dos ideas importantes: La primera, al inicio de este año 2018, preguntarme „¿Qué estoy haciendo yo con mi vida?. Esa pregunta es válida permanentemente para nosotros, porque cuando yo digo ¿qué estoy haciendo con mi vida?, no es simplemente tratar de discernir o dilucidar, si estoy haciendo cosas buenas o malas, no, no, no, si yo creo que todos los que estamos aquí hacemos cosas buenas, ¿o ustedes hacen cosas malas?, díganmelo ¿hacen cosas malas?..., eh, aunque, por Dios, yo creo que no, todos están aquí en la Eucaristía alabando y bendiciendo al Señor, en el primer día de año nuevo; yo creo que todos los que estamos aquí llevamos una vida, eh, conforme al bien, conforme a lo que Dios quiere, indudablemente,... No es simplemente ver si estamos haciendo cosas buenas o malas, el preguntarnos qué estamos haciendo con nuestras vidas, sino es ver la calidad de las acciones que estamos haciendo. Les pongo un ejemplo: si yo me pongo a hacer un examen de conciencia de cómo ha sido mi relación con Dios en el 2017, ¿a qué conclusión puedo llegar?... Cada uno podría hacerse esa pregunta. Si en el 2017 yo recé, yo hice una cosa buena; yo fui a la eucaristía, yo frecuenté algún sacramento, como la reconciliación, la unción, etc; pero, ¿eso que yo hice reviste, verdaderamente, una calidad tal que deja huella en mi vida? ¿He orado como tenía que haber orado?, ¿he dedicado al Señor el tiempo que tenía que haberle dedicado?. ¿Verdaderamente Jesús fue para mí referencia fundamental, en este año que ha concluido? ¿Sí o no?. A eso me refiero. No es simplemente ver cosas buenas o malas que hayamos hecho, es ver la calidad de nuestras acciones. Y cuando yo contemplo, en un examen de conciencia que yo he hecho, es que puedo formular deseos y propósitos para el año que viene, para este año que comienza, si no, no tiene sentido...Yo le había prometido al Señor que no iba a pelear en mi casa el año pasado y resulta, que prácticamente terminó como un ring de boxeo público mi casa, en todo el año. ¿Por qué fracasamos en los proyectos y en los propósitos que hacemos? ¿Por qué fallamos en nuestras promesas? ¿por qué fallamos en los ideales que nos proponemos? ¿Saben por qué fallamos?. Porque no hemos hecho primero un buen examen de conciencia, para ver cómo está mi vida. Para ver qué es lo que verdaderamente tengo que acomodar, para ver qué es lo que verdaderamente yo tengo que repotenciar en mi vida. ... El hombre que primero mira hacia adentro de sí, para luego poder formular una opinión de sí delante de Dios y delante de los demás. Ese es el hombre sabio y prudente. Y por eso el 2018 nos invita a que miremos dentro de nosotros, a que verdaderamente descubramos quiénes somos, a que verdaderamente podamos descubrir cuáles son las ilusiones, cuáles son los deseos, cuáles son las aspiraciones más profundas que llevamos muchas veces dentro, de las cuales, a veces, ni siquiera nos hemos percatado. Y por tanto, esto significa dedicarme tiempo a mí mismo. ... pero fíjense ustedes, si no gastamos tiempo en nosotros, si no gastamos tiempo delante de Dios mirándonos a nosotros mismos, de nada nos sirve todo lo que hagamos. De nada nos va a servir todo lo que hagamos. Porque seremos eficaces en cantidad de acciones fuera, pero por dentro estaremos secos, pero por dentro estaremos amargados, frustrados, humillados, desfigurados. Por eso, yo les invito en este 2018 a que gasten tiempo en ustedes; no en vicios ni malas cosas, ni en el ocio; sino en el encuentro con ustedes mismos delante de Dios; y puedan ponerle nombre y apellido a todas sus emociones, sentimientos y unciones, aspiraciones. Imagínense que ustedes van a conocer a su mejor amigo en la profundidad de su conciencia. Esto es hermoso. El Evangelio dice que Jesús pasaba noches enteras, retirado consigo mismo, encontrándose él, encontrándose con Su Padre, en el interior de su corazón. Jesús de Nazaret nos da ejemplo de lo que significa un hombre que se encuentra a sí mismo, que sabe qué es lo que está haciendo; que sabe qué es lo que piensa, lo que anhela, lo que sueña, lo que espera. Jesús nos da ejemplo de esa humanidad madura y estable. Cuando yo voy logrando eso, entonces puedo empezar a formular deseos. „Señor, yo he descubierto que en el 2017, ha sido un buen tiempo que he dedicado a contemplar tu Palabra, para leer tu Palabra, para alimentarme de tu Palabra, y tengo sed de ti, como dice el salmo. Mi alma está sedienta de ti, Señor, por eso mi propósito será dedicar tiempo a encontrarme contigo en la Palabra. Pero eso no nace de un deseo tonto que surge, eso nace de la necesidad, eso nace del conocimiento que has tenido de ti mismo; y esos son los propósitos que a la larga se cumplen, que a la larga se encuentran. Y miren, yo les voy a decir algo, eh, como testimonio de vida, cuando uno le dice al Señor: „Señor, mira, te voy a dar 5 minutos, Dios es tan grande que a la vuelta de la esquina te das cuenta que sin tú saber cómo le estás regalando ya una hora al Señor. Porque Dios nos conoce, porque Dios sabe que tenemos necesidad de Él. Porque Dios sabe que estamos ávidos, en la profundidad de nuestro corazón, de su amor, de su perdón, de su misericordia. Por eso es que es nuestro Padre Bueno. Entonces, el mejor tiempo que vamos a emplear en este 2018 será: conocernos, amarnos, descubrir la presencia de Dios en nosotros y formular aquellos deseos, formular aquellos propósitos, formular aquellos votos que  verdaderamente nazcan de mi conocimiento ante el Señor, para que sean bendecidos por Él y haga próspero el deseo que formulamos. Esa es la tarea que les dejo para el 2018. Y eso no se hace en un día. Progresivamente. Y verán si esto lo hacen comenzando hoy, primer día del año, y lo hacen con seriedad delante del Señor, el 31 de diciembre de este año 18, ustedes me dirán si no han cambiado algunas cosas en ustedes. Verán que sí, porque el Señor solamente está esperando que nosotros demos un paso para agarrar Él el timón de nuestras vidas. Y la segunda idea o el segundo punto de reflexión de esta celebración es indudablemente la figura de María, nuestra Madre. La grandeza de María está en ser la Madre de Dios, que es lo que celebramos hoy. La grandeza de María estriba, en que en ella encontró Dios la creatura ideal para que la Salvación se diera conforme al plan que Él tenía, que significaba que La Palabra se hiciera carne entre nosotros, como dice la segunda lectura de Pablo a los Gálatas, que Dios se ha manifestado naciendo de una mujer, haciéndose hombre como nosotros, para que alcanzáramos la plenitud de la vida. Ese es el don maravilloso de María. Ese es el fruto bendito de su vientre, que nos entrega como Don suyo, como Don del Padre, para nosotros, para que tengamos vida y vida en abundancia. Pero miren, mis hermanos, y ayer, día de la Sagrada Familia, yo hacía énfasis en esto: la gran mediación de María, la gran intercesión de María con nosotros ante su Hijo, esa afinidad, ese amor primero que tenemos en nuestro corazón a la Madre de Dios, esa experiencia de sentir que tenemos una madre, nace sobre todo porque María es humana, como nosotros. Porque solamente una mujer que ha conocido los problemas, las dificultades, las vicisitudes del día a día, es capaz de comprender nuestros problemas, nuestras angustias, nuestras dificultades. Solamente una mujer que ha permanecido fiel a Dios, pudo haber soportado todo lo que tuvo que vivir la Madre de Jesús. A mí me encanta desde siempre la escena de la Anunciación, cuando el ángel se le presenta a María, conforme al Evangelio de Lucas, allí en esa pieza, en esa habitación, en Nazaret; me encantan las palabras del ángel cuando le dice a María „Oye María, eso que llevas en tu vientre, será grande, porque será llamado Hijo del Altísimo, y ese a quien tu llevas en tu vientre va a heredar el trono de David, su padre, y será grande y reinará para siempre. Mis queridas señoras, mamás aquí presentes, si a ustedes le hubieran dicho eso de su hijo, ¿ustedes cómo se hubieran sentido? ¿Felices o tristes? ...Tremendo muchacho el que llevo yo en el vientre, que va a ser grande, Dios ha dicho que va a ser poderoso. Nada más y nada menos va a heredar el trono de David, prototipo de lo que significa la realeza en Israel y va a ser grande. ¿Qué pensaría María?. ...Y Dios quiso, en su majestad y voluntad infinita, que Su Hijo naciese en la pobreza marginal en la que nace. Y que tenga María que aguantar el dolor, el frío, la incomodidad de un establo. Que grandeza de María, mujer. Que grandeza de la Madre, que sabe guardar todas las cosas en su corazón y no solo las cosas bonitas, sino las cosas duras... José a pie y la Virgen en un asno, porque no tenían caballo, por Dios, el caballo era un lujo. Qué caballo iba a tener José?! Ve a saber si hasta el asno se lo tuvieron que prestar para poder ir de Nazaret a Belén. Siendo fiel a la tradición del Evangelio, por supuesto. Allí tienen que ir al exilio, dejar patria, como han dejado patria cantidad de jóvenes hoy, cantidad de padres, madres, familias completas que se han tenido que ir del país buscando fortuna, así María tuvo que vivir junto con José y Jesús un exilio, no querido. ¿Y cuánto tiempo tuvieron en Egipto? No sabemos exactamente. Dicen que hasta que murió Herodes. No se manejan fechas precisas. El hecho es que tuvieron que estar en patria extraña, con idioma extraño, con cultura extraña, con religión extraña. Tres emigrantes que eran nada. Y María tuvo que guardar todo ese dolor, todo ese sufrimiento, todo ese calvario, en su corazón. Y las palabras del ángel como un eco se hacían presentes en su conciencia: „este que tú has parido, María, será grande, Hijo del Altísimo. ¿Y dónde termina el desconcierto de María? Vuelven a Nazaret, por supuesto; San José muere, como nos enseña la tradición y después Jesús se le va de la casa. ¿Cómo queda María? ¿Cómo termina María?... Sola.. en esa casita de Nazaret. Y tiene que escuchar lo que decían de su hijo. Y hay un pasaje del Evangelio, en que María, con algunos de sus familiares, van a buscar a Jesús, porque piensan que Jesús se ha vuelto loco. „Pero bueno, el ángel no me dijo que este muchacho iba a ser grande, Hijo del Altísimo, y ha resultado un loco de primera!!! ¿Y dónde termina, repito, la historia de la Madre?... Ante la cruz. La escena más humana que podemos encontrar de María. Ante la cruz de su hijo que vilmente ha sido asesinado. La Madre frente a la cruz del hijo, que se lo han arrebatado. Y dice, terriblemente, el canto del siervo sufriente, en Isaías: „desfigurado, no tenía figura de hombre ¿Qué madre no le duelen las entrañas al ver a un hijo desfigurado? Las que son aquí mujeres madres, díganme, Dios les ampare por supuesto, pero si en un supuesto negado tuvieran que ver a su hijo desfigurado, encarnecido, ¿qué? ¿se mueren del dolor o no?. Allí está la Madre ante la cruz de su hijo, escarnecido, agonizando, muriendo, e imagínense por un minuto en la conciencia de María las palabras del ángel. „María, tu hijo será grande. Tu hijo será el heredero de la casa de David, su padre. ¿Y cómo ha terminado? En la cruz. Tuvo la Madre que guardar ese dolor en su corazón. …¿Y cómo termina entonces esta historia hermosa de María?. La Madre que nos entrega al Hijo en Belén, se lo devolvemos nosotros en la cruz. El don que María nos da en Belén, se lo ponemos nosotros muerto en sus brazos. El tesoro que nos da la Madre para que tengamos vida, se lo devolvemos desfigurado, muerto en sus manos; y María se convierte en la madre dolorosa, que solamente la fe la mantiene en pie; que solamente ese vínculo de vida y de amor que María mantenía permanentemente con Dios, la tiene allí firme. Esta María humana es la que conoce el dolor de nosotros. Esta María humana que fue la mujer que supo enfrentar la adversidad, la pobreza, la miseria; esta mujer que supo lo que eran los problemas, desde los más insignificantes hasta los más graves, es la que puede interceder por nosotros, porque nos conoce y porque nos ama. Y por eso es la Madre del cielo, a la que podemos recurrir en cualquier momento, porque la Madre conoce nuestro corazón de hijos y en sus manos depositamos, pues, todo lo que somos. Vamos a depositar en manos de María, pues, en este 2018, toda la vida nuestra, todo lo que llevamos, todo lo que somos. Y decirle a la Madre del cielo: „Madre, que aquellas palabras que el ángel Gabriel te dijo de tu Hijo, se cumplan en mi vida, se cumplan en nuestra parroquia, se cumplan en la Iglesia. Que Cristo sea para nosotros Rey y Señor, por siempre. Rey y Señor, por los siglos de los siglos. Amén”.

Monseñor Helizandro Terán, O.S.A.
Obispo de Ciudad Guayana
Solemnidad de Santa María Madre de Dios 01.01.2018

publicado por: Marilena Chetick
09 de enero de 2018