Ensayo sobre un hipotético lugar. Refleja personajes y situaciones imaginarias, en un espacio irreal.
En una remota aldea conocida en el ámbito continental como Orangutanía, gobernó un necio orangután conocido como Troglo, delirante de grandeza, empecinado en creerse el profeta salvador del mundo, que podía hacerlo todo, rodeado de un escaso grupo de hienas y lobos carroñeros que fueron seleccionados por el mismo orangután por pasión y por sumisión.
Eran pocos los aludidos, pero ellos se creían capaces de saber ejecutar todo lo que Troglo les pedía que hicieran, así se desvivían por hacer toda suerte de malabarismos y payasadas . Podían capar cochinos, cortar la caña, sembrar la yuca, moler maíz, hacer guayucos, trillar arroz y hasta menear la cola, como buenos perros entrenados y dóciles que no sirven ni para emitir un ladrido decente. Algunos monos se excedieron en el servilismo, hacían muchas cosas a la vez y además... movían la cola.
Así un día Troglo les dijo que él era quien mandaba, solo porque hacía alarde de su arbitrio, y vociferaba amenazando a todos a los cuatro vientos, la verdad era que el necio no se daba cuenta que solo era un títere manejado por ese grupo de lobos babeantes que se apropiaban de todo lo que podían y destruían todo lo que tenía cualidad de destruible bajo sus expansivas garras. Por lo tanto les puso el trabajo de papaya a los gorilas antropomorfos, ya que no necesitaban pensar ni decidir nada y se dedicaron a traficar con cargamentos de bananos.
Cuando los bananos escasearon, para mantener la confianza del mono catarrino mayor se empeñaron en la práctica ignominiosa de adular.
Llegaron a tal grado que los habitantes de Orangutanía creían en un Dios: El SuperOrangután y estos torpes pero ladinos y taimados bárbaros (léase incultos, groseros y toscos) pregonaron a todos los habitantes que Troglo era el hijo dilecto del SuperOrangután.
Era tal la ambición de este tropel de insanos que en determinado momento trataron de someter a los reinos vecinos, manipulándolos, mediante una suerte de dádivas profusamente entregadas, con toneladas y más toneladas de bananos. Siendo la banana el primer elemento de la alimentación en el reino Orangutanía, además se debe tener presente que "La agricultura es el primer elemento de la riqueza de las naciones" muy pronto la población empezó a notar la escasez del producto, por lo tanto el empobrecimiento del reino. Los monos que debían sembrar no lo hicieron, se agotaron las reservas y Orangutanía se vovió pobre en el menor tris. Insurgieron algunos monos con otras propuestas de cambio, pero sus voces no fueron escuchadas.
Mientras esta debacle se precipitaba, Troglo y su banda entrenaban para cambiar de actividad, inclinándose por la música. De tal manera, Troglo y su banda eran melómanos y megalómanos, por antonomasia.
Transcurrió una desafortunada época de protesta por parte de las masas populares, y por otra parte acusaciones, imputaciones, amenazas e inculpaciones donde los monos trataron de endosar el fracaso de su gestión.
Finalmente, Troglo y su banda, se fueron "con su música a otra parte" y todos felices!
Elaborado por: Marilena Chetick01 de marzo de 2015